Las dichosas listas

Tomando el pulso a la actualidad y como todo el mundo que tiene culo tiene opinión os presento mi, como todas, odiosa y subjetiva lista de lo mejor acaecido este año en cuanto a la música que he escuchado y disfrutado. La lista no es por orden de importancia, sino por estilo de música o género para que, por gustos afines, alguien pueda descubrir algo nuevo.

Ya sé que el año no ha acabado y aún se editan discos pero es un ejercicio de sana independencia para no verme afectado por las listas de medios especializados que se empiezan a publicar, además es una lista sobre lo que yo he escuchado y obviamente no tengo tiempo para escuchar todo lo que se edita, ni tampoco ganas!! Sí pongo en cuarentena tres discos a los que no he podido darle las escuchas necesarias y que, seguro, aparecen en otras listas, el “Bish Bosch” de Scott Walker, el “Shields” de Grizzly bear y uno de electrónica oscura Raime “Quarter Turns Over A Living Line”.

Empezando por lo más sencillo, música para todos los oídos y gustos: Sharon van Etten y su “Tramp” (Jagjaguwar) cantautora melódica con disco de ruptura y catarsis. Serpents es un pepinazo y destaca, pero las canciones que la rodean no desmerecen.

En la gama pop innovador y fresco irrumpen con sus dos primeros discos Alt-J y su “An awesome wave” (Infectious) y los escoceses Django django con su homónimo “Django django” (Because).  Ambos comparten un uso innovador de recursos vocales, en el caso de Alt-J es un hecho diferenciador pues usan un fraseado original, y también ambos tiene una paleta de percusiones muy variada, llegando a escucharse castañuelas. Las producciones son detalladas y aquí hay hits para dar y tomar en ambos discos. Alguna canción de Django django seguro que levantó la envidia de Alex Kapranos cuyos Franz Ferdinand han perdido la inspiración. Aprovecho para felicitar a los programadores del festival Sinsal San Simón por apuntarse un tanto y traer a Alt-J antes del boom, acaban de ganar el premio mercury y los grandes festivales se los rifan para la exclusiva del año que viene.

Otros debutantes son Toy, han hecho un disco “Toy” (Heavenly) bastante variado con muescas en el shoegazing, motorik y un buen equilibrio entre guitarras y sintetizadores que entrelazan las melodías. No han inventado nada pero su disco mejora con cada escucha y espero disfrutarlos en en primaveraclub si el ayuntamiento de Barcelona deja de dar por saco.

Cuatro discos accesibles y para todos los gustos. Si refinamos un poco las propuestas menos accesibles podemos encontrar estas posibilidades:

Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi no están entre lo más actual, pero la recomposición que ha hecho Max Richter para Deutsche Grammophon, es recuperar una obra cumbre del barroquismo clásico e impregnarle unos detalles minimalistas que se notan. Los que seguimos la discografía de Richter lo notamos, por lo menos.

Si el mejor álbum del año pasado fue el de A winged victory for the sullen, este año no le va a la zaga el disco “Disgressions” de Greg Haines (Preservation). No se puede escuchar 183 Times sin que se te pongan los vellos como escarpias, recuerda a Arvo Pärt y Samuel Barber.

La música que acompaña a los cuatro jinetes, la que derrumbó la muralla de Jericó, la que debería sonar en las manifestaciones contra los recortes, así se podría definir la música de Godspeed you! black emperor y su inesperado “Allelujah! Don´t bend! Ascend!” (Constellation). La comuna canadiense retornó a los conciertos y editó este álbum con una pieza ya conocida formada por el Hope drone y Albanian. Dos drones más y la extensa y soberbia “we drift like worried fire” completan un disco que puede gustar tanto a “fanses” de Dream theater como a los modernos hipster que les gusta Sigur ros o a los frikis que les gustan los japoneses Mono.

Describir en pocas lineas el artefacto que se ha cascado el señor Gira va ser complicado. “The seer” de Swans (Young god) es una hostia con la mano abierta en toda la cara y en versos alejandrinos, premeditadamente anticomercial, extenso, extenuante, agresivo y desafiante, repetitivo, insano, incómodo. Un puñetero akelarre de dos horas de duración. Y sí, me encanta.

Para completar la lista de los discos he hecho una lista de reproducción en spotify con canciones editadas este año y que bien pueden hacer un poco más abierta la elección de grupos a escuchar o descubrir.

2012 canciones

Para los que no tienen o no gustan spotify los grupos que aparecen, además de los reseñados arriba, son: Grimes, Purity ring, Divine fits, Citizens, Milagres y Passsion pit por la parte electrónica. Beach house, David Byrne & St Vincent, Field music, Lotus Plaza, Gravenhurst, Cat Power, Cloud nothings, Thee oh sees y The vaccines por la parte pop-rock.

Por la parte española, el único álbum que me ha gustado es una banda sonora, la de la película “Seis puntos sobre Emma” a cargo de David Cordero y Carles Guajardo (Fohen), el primero lleva las riendas de Úrsula y el segundo de bRUNA. Lo cierto es que tampoco he escuchado muchos discos españoles, el del Sr Chinarro “Menos samba” (Mushroom pillow) parece un disco de descartes de su buenísimo “Presidente” (2011. Mushroom pillow) y el de Los punsetes “Una montaña es una montaña” (Everlasting) ha bajado el nivel de gamberrismo y es más…adulto.

Si alguien quiere aportar alguna pieza tiene los comentarios a su disposición, abstenerse melendis, musas, lanas monárquicas, y florencias con sus máquinas…

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Azúcar sueco

Hüsker Dü significa “Recuerdas?” en sueco y es el nombre de un grupo de rock estadounidense formado en los primeros años ochenta y que sale a relucir en todas las tertulias musicales como precursores del rock “alternativo”, las comillas implican mi desavenencia con la etiqueta, pero no lo compliquemos más. El trío estaba formado por Greg Norton al bajo, del que nadie se acuerda ya excepto por su bigote. Grant Hart a la batería y a la mitad de las composiciones, los Posies le dedicaron una canción en su “Amazing disgrace”, y ha tocado recientemente en la sala sidecar de Barcelona. A la guitarra y la otra mitad de las composiciones, el rollizo Bob Mould.

En la fría Minessota si eras un “wasp” ochentero sólo se podía hacer música como la que hacían estos señores: rabiosa, contundente, nihilista y de corta duración. Si bien la aportación que les hizo diferentes fueron las emergentes melodías en un repertorio hardcore, algo que el mainstream actual ha conseguido fabricar en serie y consigue vender millones de archivos mp3 con ello.

Como todos los grupos con dos cabezas, partieron peras después de varios discos soberbios y poca repercusión en sus coetáneos.

Bob creó entonces Sugar, el libro del que he venido a hablar. Sugar son mucho más accesibles que Hüsker Dü, la primera escucha del “Copper Blue” (rykodisc 1992) te atrapa desde la primera canción y no te suelta hasta la última, no tiene relleno, es un lp o álbum como quieras llamarlo, no lo que se vende ahora: dos singles y relleno. Las guitarras están distorsionadas lo justo para que no sean sucias, riffs pegadizos, mezclas de voces agresivas y melosos estribillos pop, como los Pixies no se parecen en nada al grunge, pero sirvieron de simiente.

Aquí las canciones son largas llegan a los cinco minutos, su siguiente Ep “Beaster” (rykodisc 1993) abunda en la larga duración de las canciones, casi en demasía. También aparecen guitarras acústicas, curiosamente en su tema más aplaudido comercialmente  “If i can´t change your mind”  del que el señor J recuperó unos versos para cantárselos a Brigitte, la sueca.

Dos discos soberbios que, incluso habiendo tenido repercusión mediática y hasta unas buenas ventas, no aparecen en las listas de la mejor música en las revistas críticas, donde si aparecen el “Zen Arcade” de un grupo con nombre sueco, recuerdas?

Los suecos son muy suyos, en el siglo XVII el rey de turno ordenó construir un navío de guerra pantagruélico para darle cera a los polacos en la guerra de los treinta años. El Vasa, el barco más grande de la armada nórdica. El día de su viaje inaugural y tras recorrer menos de una milla náútica, se fue al garete, a pique, dicen que por un mal diseño, un centro de gravedad demasiado alto lo hacía inestable, un exceso de carga mal distribuida lo hizo zozobrar y un poco de oleaje del báltico lo llevó a naufragar, probablemente algún antepasado de Luis Yáñez tenga sangre sueca.

Pues ni cortos ni perezosos 300 años después se les dio a los suecos por reflotar el pecio y restaurarlo para hacer un museo con él, y como a gañanes no les gana nadie, lo colocaron en un recinto cubierto, para lo que tuvieron que escavar un dique seco y construir un enorme galpón del que sobresalen los tres mástiles. Se ha convertido en el museo más visitado de Suecia y está en una de las numerosas islas que conforman la ciudad de Estocolmo. La visita merece la pena.

Bob Mould actuó en el Primaverasound  2008, tocando temas propios de su carrera en solitario y unas pocas canciones de Sugar, cuando sonaron los primeros acordes de “The act we act” unas lagrimillas partieron de mis ojos y llegaron a mi enorme sonrisa.

PD: Gravenhurst tienen una versión preciosa del tema “Diane” de Hüsker Dü, con una letra crudísima y violenta.

Agujeros

En plena Transilvania existe una cueva glaciar, la segunda más grande de Europa. De nombre Scarisoara está situada en el parque natural  Apuseni, y es parte de la cordillera de los Cárpatos, a dos horas en coche al oeste de Cluj Napoca. En verano la temperatura en el exterior es considerable puede que más de treinta grados, a medida que bajas por un gran agujero rocoso con las paredes cubiertas de frondosa vegetación notas el aumento de humedad, por un momento parece una zona tropical.

Desciendes por una escalera de metal con descansillos en la propia roca, la pendiente es considerable y una vez llegas al nadir las escaleras pierden algún peldaño. En el último paso metálico divisas nieve y el metal torna en madera para entrar caminando sobre una pasarela en la cueva, como levitando sobre un mar de hielo y agua cerca de los 273 K.

La caverna es muy amplia, del techo rocoso surgen carámbanos y la condensación es notoria. Al fondo se encuentra la catedral, una zona de estalagmitas milenarias formadas por hielo impoluto y virgen, un centenar, de diferentes alturas y formas que recuerdan a los castillos de arena que hacía de pequeño en la playa con la arena mojada, dejando gotear de mis manos de niño la arena muy húmeda, formando alminares puntiagudos.

Cave in

Como cierre del festival Primaverasound 2011 Mercury Rev miraron hacia atrás en su discografía para retomar su disco Deserter´s songs. Idea de la promotora All Tomorrow´s Parties  los “Don´t look back” son conciertos únicos donde un grupo retoma un disco significativo y lo ejecuta por orden y en directo, algo poco usual. Algunos lo tachan de revisionismo pero a mí me gusta la idea, así he visto  a Sonic youth romper a guitarrazos el Daydream nation, a John Cale interpretar con orquesta su Paris 1919 o a Slint calcar su Spiderland, entre otros.

Este disco en cuestión es una anomalía en la discografía de los de Buffalo, un punto de inflexión y, particularmente, el único que me gusta. Si Hunter S. Thompson describiera esa colección definiría sus primeros discos como una droga de juventud, barata y gamberra, alucinógena, pirulas, speed, hachis culero, exhibicionismo, expresionismo de brocha gorda.

Sus discos posteriores son de cuarentones farloperos, maduros y con pasta, marihuana selecta, el expresionismo ha derivado a puntillismo, a barroquismo superfluo, a sinfonismo epatante.

Deserter´s songs (1998 V2) sería como la denostada heroína, de placer pecaminoso con cierto bajón chungo, es un disco que sin ser triste evoca cierta melancolía, cierta aura maldita y perdedora, la portada del disco lo complementa en esta visión.

El concierto en el Poble espanyol, fue un desastre, con Donahue haciendo de director de orquesta, agitando la varita como una mariposa que bate las alas con brazos interminables, no supieron interpretar esa pérdida, ese ensimismamiento necesario, esas ausencias, esos agujeros…

PD: a diferencia del periodista gonzo, yo no he catado ninguna de las sustancias que adornan esta entrada, ni una, lo más fuerte que he saboreado fue un chupito de terbasmin jarabe, que me dejó palpitando un día.